
Anoche no podía dormir. Tuve una punzada toda la noche en el pecho. Un alfiler en la boca del corazón como los puñales en órganos sagrados. Un dolor pequeño, ajeno a mi voluntad. Un dolor que no se podía apagar, ni cortar, ni quemar. En la boca del corazón. Ese corazón partido en dos y en tres mitades que nos enseñaron a amar en las escuelas. Ese corazón que aprendimos a pintar en los lavabos, en las pajaritas de la paz y en las estampas. ¿ porqué el amor en el corazón y no en el hígado? porqué el amor en el corazón y no en las vertebras? ¿ porque en el corazón y no el amor en la boca?
En la escuela nos enseñaron a identificar el corazón del hombre. A diferenciarlo de la sangre. A separarlo de la disección fría, de las arterias del miembro de cordero sobre una tableta metálica. También nos enseñaron los mapas cuando lo que queríamos era solo excarvar bajo la tierra.
La abstracción para mí, para tí, llegó algo tarde. Cuando el corazón quiso dibujarse con tiza en la pizarra para nosotros ya era un órgano que le hacía un vacío en el pecho a los abuelos. << El abuelo ha muerto de algo del corazón>> Era algo que de repente se para, y la gente mayor ya no sonríe de repente. Los amargos tienen corazones sanos.
Por eso para mí, el amor está en el hígado. O en la sangre que sobrevive al corazón parado en el interior de los muertos. O en los dientes que duran tanto como queramos. O en los recuerdos que durarán lo mismo que nosotros. Nuestra estatura.
Anoche y anteanoche y antes me dolió el corazón por primera vez en mi vida. Experimenté tenerlo, no en rotulador rojo, no en papel de cartulina, no en forma de lazo. Experimenté tener un corazón de animal, con venas y arterias que se ensanchan y se estrechan, que escupen sangre y se la tragan, que se ahogan con el humo que inhalo cada noche. Anoche y anteanoche y antes. Ya no podré engañarme, ni jamás repetiré la mentira de siempre.
La vida es un engaño peor. Recuerdo que los enfermos de cáncer sonríen y dicen estoy bien. Recuerdo que alumnos desaparecen de clase. Un vacío de un segundo entre dos apellidos. Pero todo está claro. Un silencio helado como tus manos entre dos palabras. Lo percibo, es hermoso como el odio de los pájaros. Como el hielo que se rompe en las orillas. Ahora identifico el frío contigo. No quisiera ser abstracto. Ahora identifico esta punzada en el interior izquierdo del pecho con el miedo. Porque el miedo puede ser cualquier día.
Como Boris Vian: "Je voudrais pas crever"
En la escuela nos enseñaron a identificar el corazón del hombre. A diferenciarlo de la sangre. A separarlo de la disección fría, de las arterias del miembro de cordero sobre una tableta metálica. También nos enseñaron los mapas cuando lo que queríamos era solo excarvar bajo la tierra.
La abstracción para mí, para tí, llegó algo tarde. Cuando el corazón quiso dibujarse con tiza en la pizarra para nosotros ya era un órgano que le hacía un vacío en el pecho a los abuelos. << El abuelo ha muerto de algo del corazón>> Era algo que de repente se para, y la gente mayor ya no sonríe de repente. Los amargos tienen corazones sanos.
Por eso para mí, el amor está en el hígado. O en la sangre que sobrevive al corazón parado en el interior de los muertos. O en los dientes que duran tanto como queramos. O en los recuerdos que durarán lo mismo que nosotros. Nuestra estatura.
Anoche y anteanoche y antes me dolió el corazón por primera vez en mi vida. Experimenté tenerlo, no en rotulador rojo, no en papel de cartulina, no en forma de lazo. Experimenté tener un corazón de animal, con venas y arterias que se ensanchan y se estrechan, que escupen sangre y se la tragan, que se ahogan con el humo que inhalo cada noche. Anoche y anteanoche y antes. Ya no podré engañarme, ni jamás repetiré la mentira de siempre.
La vida es un engaño peor. Recuerdo que los enfermos de cáncer sonríen y dicen estoy bien. Recuerdo que alumnos desaparecen de clase. Un vacío de un segundo entre dos apellidos. Pero todo está claro. Un silencio helado como tus manos entre dos palabras. Lo percibo, es hermoso como el odio de los pájaros. Como el hielo que se rompe en las orillas. Ahora identifico el frío contigo. No quisiera ser abstracto. Ahora identifico esta punzada en el interior izquierdo del pecho con el miedo. Porque el miedo puede ser cualquier día.
Como Boris Vian: "Je voudrais pas crever"