sábado, 20 de abril de 2013



Solo lo que vi de la sangre
suficiente brotar de las paredes
chorrear dulce de las fuentes
equivocarse en los ojos
entristecidos de los caballos
equivocarse. Se han cernido
sobre los espacios cerrados
los campos abiertos
y sobre la viva boca
los dientes del muerto
Te he traicionado tantas
y ahora, soy tan fiel
de todo lo perdido
tan puntual, tan dulce
de la sangre chorreada
me pertenezco tanto
de lo desaparecido.



El organismo huésped


Las palabras nos sobreviven
Decrépito,  su terror antiguo
Se encarama a los significados
Hay otra lengua en las lenguas
Que se ignora, hay un alfiler
Que se guarda, un espejo
Último.  Son los equívocos
El índice de los maestros
La infección sin contacto
Son la salud pública y su inverso
Lo que dijimos, los encuentros
La propagación desde la raíz
Hasta el final del cáncer
Genealógico, conocido.
Nos aparecen las palabras
Las estructuras lógicas
Sin nosotros al fin
reformuladas,  la corrección
del dolor en la gramática
Escritas después de escritas
Oraciones, bajo el verde
Fluvial de lo que no se cierra.
Vertebradas. Los niños
Envejecen al dictado
Se asustan de sus manos
De niño, no hablan
Y si cada uno transporta
Agazapado un cuerpo
Arañado, golpeado
respirado, amado
Y si es la biología 
la única terminología
De las enfermedades
y si es bello observar
al margen de la muerte
su evolución,
su crecimiento
y si son las únicas
palabras jamas dichas.