sábado, 10 de diciembre de 2011

Capítulo 1



Las calles están llenas de pervertidos. Por las noches lluviosas. No es que me importe. Vuelvo a casa y los veo. Viejos vomitando la cerveza, líquido amarillo y claro. Viejos meando la cerveza, en chorros de un amarillo más vivo. Viejos meando sangre en los márgenes de los parques infantiles. Viejos con barba gris y los pelos de alrrededor de los labios con el color desteñido de los filtros. Jóvenes vomitando entre dos coches. Cogiéndose de los hombros. Jóvenes gordos, con pantalones de talla especial, andando a tientas entre dos edificios. Jóvenes muertos en un tramo de escaleras con una jeringa aún colgando del antebrazo. Jóvenes besandose en los ascensores, intentando tórpemente bajarle las bragas a una chica bebida, intentando sentir el cuerpo del otro debajo del abrigo, intentando correrse rápido antes de que se haga de día y tengan que dar explicaciones a sus padres.














Colillas, palitos de chupa chups y archipiélagos de gasolina en los charcos. Para que los niños jueguen. No se mezclan. Gente que se muere, viejos pervertidos, jóvenes, que deberían estar muertos. Por si quieres saberlo pienso en tí. No solo porque las calles me depriman, pienso en tí porque eres la única persona que me pregunta: ¿ en que piensas?.
Eres previsible mi amor. Humano como cualquier enfermedad.

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