Se me aparecen por la noche, como en "Persépolis", con sus cartas, sus manifiestos. Dios me dice que la revolución vendrá, qué tenga fe; Marx me tapa los ojos, me dice que crea, que la realidad es el opio. Marx ha caído en desgracia, no tiene ni para enterrarse y desaparecer del mundo. Sus huesos pueden acabar en los dientes de cualquier perro. Dios acaba de perder un hijo, se lo han devuelto arropado en sangre, con clavos en los pies y en las manos. Marx y Dios se me aparecen, me dan conversación.
No soportaría que se fueran.
No hay comentarios:
Publicar un comentario