Miró a mis vecinos volverse locos. Dan vueltas por sus casas, limpian los cristales, salen a la terraza. Pendientes del disparo. Están nerviosos como víctimas, el gobierno juega con la hora, la adelanta, la atrasa, pero nunca, nunca paran el tiempo. No saber qué hacer por las mañanas. Esa es la humillación, el hombre sin trabajo no sabe qué hacer, la mujer liberada no lo sabe tampoco. Jubilados que no saben leer, gordas a las que no les vale la ropa de primavera, chavales que pasan toda la mañana fumando hachis.
Hablo de lo que veo. El aburrimiento, la realidad desolada.
El vacío y sus síntomas
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