jueves, 22 de diciembre de 2011

Te echaré de menos estúpido

Cuando la revolución estalló debajo de los coches, perdimos el ritmo. Lo hemos perdido. Escribimos ahora como respiramos, apenas, entrecortadamente. Es escupir tejidos negros, pulmones de asfixia, escribir. Es toser por las mañana y tragar antibióticos por las noches. Escribir. Es algo que no hacemos mucho, a pesar de no tener nada mejor, a pesar de no tener mejores ideas, a pesar de que el mundo se acaba cada minuto, quiero decir el mundo de alguien. Qué muere, qué abandona a su gato ,qué deja las macetas sin regar.

Que se joda.

sábado, 10 de diciembre de 2011












He cambiado mi forma de escribir. Antes las teclas creaban mundos falsos, anginas que no he conocido. Antes juntaba las palabras dando forma a tipos que no existían, qué no tenían mi nombre, aunque dijeran yo, aunque tu hablarás con ellos. Por eso no quiero que sueñes . Crees soñar conmigo pero yo no existo allí. ¿ porqué estás loca? ¿ Con quien hablas cuando crees hablar conmigo? En el sueño, ¿ que ropa llevo? ¿ mi cuarto? ¿cicatrices? En el sueño tratas de mirarme a los ojos y no puedes, corre. Huye de mí, por las galerías del sueño, ni siquiera te gires para ver si te sigo, sube y baja por los jardines, los lagos de la fiebre, las habitaciones que los sueños pueblan de libros. Te advierto: sueñas conmigo y no seré yo. No puedo saber lo que esos chicos que aparecen y se hacen pasar por mí, están pensando. No sé qué quieren. Si se presentan en tu casa o en tus paradas de autobús. Si mientras andas por la calle te siguen con la mirada. No sé que quieren.
He cambiado mi forma de escribir. Deja tú de soñar. Escribo desde los ocho años, escribo de todo, mi nombre, tu nombre sobre todo, me gusta llamarte a tí noche y a la noche cuando es noche, noche. Me encanta decir tienes los ojos verdes y acristalados, pienso en tus ojos cuando tiro botellas al contenedor de vidrio.

He cambiado mi forma de escribir. Mi perspectiva sobre tí ha cambiado. Quiero decir que antes decía estoy enamorado sin estarlo. Quiero decir que antes decía mi padre está muerto y apagaba el ordenador y nos íbamos los dos juntos a pasear por calles que también escribía, y también fallaba al darles forma. Decía con dedos vírgenes hacer el amor. Con dedos blancos asesinato. Solo conocía el olor aséptico de los hospitales y de eso no decía nada. Callaba.

Capítulo 1



Las calles están llenas de pervertidos. Por las noches lluviosas. No es que me importe. Vuelvo a casa y los veo. Viejos vomitando la cerveza, líquido amarillo y claro. Viejos meando la cerveza, en chorros de un amarillo más vivo. Viejos meando sangre en los márgenes de los parques infantiles. Viejos con barba gris y los pelos de alrrededor de los labios con el color desteñido de los filtros. Jóvenes vomitando entre dos coches. Cogiéndose de los hombros. Jóvenes gordos, con pantalones de talla especial, andando a tientas entre dos edificios. Jóvenes muertos en un tramo de escaleras con una jeringa aún colgando del antebrazo. Jóvenes besandose en los ascensores, intentando tórpemente bajarle las bragas a una chica bebida, intentando sentir el cuerpo del otro debajo del abrigo, intentando correrse rápido antes de que se haga de día y tengan que dar explicaciones a sus padres.














Colillas, palitos de chupa chups y archipiélagos de gasolina en los charcos. Para que los niños jueguen. No se mezclan. Gente que se muere, viejos pervertidos, jóvenes, que deberían estar muertos. Por si quieres saberlo pienso en tí. No solo porque las calles me depriman, pienso en tí porque eres la única persona que me pregunta: ¿ en que piensas?.
Eres previsible mi amor. Humano como cualquier enfermedad.

domingo, 20 de noviembre de 2011

domingo oscuro con mechas grises. Escribir los domingos. Meterte los dedos. El sumidero no traga. Resaca. Buscar una estética del óxido de los lavabos. La estética eres tú. Despiértame cuando llegues. Domingos con mechones de azotea, de palomar, dolor de cabeza. Muérdeme la oreja.
¿ tienes sábanas?

domingo, 13 de noviembre de 2011

Tardes de domingo en acústico

Tardes de domingos en un silencio de rasgar papeles, de meter la cabeza debajo del agua.

Domingos cuyo ruido me llega a los oídos a través de unos aurículares. Audiometrías con niños metidos en peceras. Los domingos transcurren entre el miedo, la clase del miedo. Y el tedio.


Puedes abrazar, tocar, besar, quitarme y ponerme la ropa. Puedes morder, acariciar, chupar, entrar y salir de mis ojos. Pero lo que no puedes ( ¿ escuchas?) lo que no puedes nunca( nunca) es decir te quiero ( Ich liebe dich ).
Domingos tarde que pasan con lloviznita y niebla, luz neutra. Mañanas, meriendas y tardes de resaca. Vasos y botellas de agua, fría. Hace frío por toda la casa. Debajo de los muebles, encima de las meses, debajo de la ducha, detrás de los armarios. Caliente. Frío. Frío.
Lo que no puedes decir nunca es te echo de menos, quédate dormida, llega tarde. Lo que no puedes hacer es ir por ahí con mi nombre atravesado por un alfiler en la solapa. Estarás siempre solo. Mi cuerpo entre el tuyo y la pared es solo una casualidad. Un encuentro inesperado en una trayectoria de soledad contínua. Que es la tuya. Que es la mía.
Soy pragmática y no me gusta engañarme. No me gusta llevar tu nombre, las marcas de tus dientes en los omoplatos, tu inicial garabateada con tiza en la parte de atrás de mi abrigo. Z.
No quiero que nadie más te conozca.
Z, el vampiro de Dusseldorf.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Pelucas

Me he perdido en el tunel del metro.
El corredor está oscuro y hay tiendas con el cierre echado a ambos lados. Tramos de luz fluorescente. Me he perdido y como Christiene F estoy pensando en chicos con cicatrices que se clavan una jeringuilla en el cuello y me sonríen. Estoy pensando en mi diente roto. Los túneles son largos cuando estás perdido. Los letreros de las tiendas, alguien pega una patada a una verja muy lejos, pero me llega, multiplicada por tres, la patada y se repite y se marcha por delante de mí. Los letreros de las tiendas, los anuncios publicitarios, las chicas sonrientes, sus escotes sangrantes, sus dientes juntos, sus manos. No entiendo nada. No entiendo porqué sonríen, porque me miran, porque no me indican como salir de este corredor que se extiende, que comunica con otro corredor. Zona a, zona b, zona c...

Cuando dejo atrás el segundo corredor empiezo a andar más rápido. Alargo mis pasos pero trato de no hacer ruido. No quiero cruzarme con nadie así que no hago ruido. De repente huele a desinfectante, a lejía y nose porqué como Christiene F pienso en sangre. Pienso en unas deportivas con las suelas manchadas de sangre. Pienso en correr y dejar huellas sangrientas por todo el corredor.
Nível 4, ya no sé donde estoy. No me acuerdo de cuando empecé a correr. No me acuerdo de cuando empecé a cantar en voz alta, a repetir en voz alta mi nombre. ¿A qué altura estamos debajo de la tierra?. No hace frío aquí abajo, por eso los vagabundos de uñas negras y barbas grises vienen aquí a dormirse y soñar con... No se con qué sueñan los vagabundos. ( no voy a ser tan hipócrita de imaginar que sueñan con habitaciones de hotel, nuestros sueños nos pertenecen, al menos eso, incluso a los vagabundos)
Para los vagabundos es muy importante la propiedad privada (no solo de los sueños) todo el rato alguién les roba algo, la mayoría de las veces otro homeless. Para los recluidos en centros de ancianos la propiedad privada es algo muy importante. Todo el rato alguien les roba una medallita de la vírgen que es el único recuerdo de la hija que nunca viene a verlos, a la calle Jagiellonska, a los subterráneos del metro. No se ya de que estoy hablando, da igual. Es lo mismo.
Tengo miedo porque soy humano y porque repito mi nombre ahora en voz baja para que nadie me haga nada. Soy humano y tengo venas en el brazo fáciles de encontrar. Soy humano y tengo unos labios que no puedo evitar despellejarme. Soy humano porque tengo miedo a que alguien me pare y no hable mi idioma. Tengo miedo a los cientos de personas que no saben pronunciar mi nombre, que buscan comida envuelta en servilletas dentro de los cubos de basura. No entiendo.
Soy humano y yo no soy Christiane. Ni tengo 13 años. Yo no estoy muerto. Yo no entiendo la lengua de Christiane. Yo estoy perdido en un subterráneo de un metro que no conozco, en un lugar donde la gente no me habla, no me lee, no me escucha.
Me paro, me siento en el suelo con las piernas cruzadas. Con las manos en los bolsillos empiezo a pellizcarme los muslos. La luz clara, artificial, zumba por todo el techo, el techo cruzado de cables, de conductos de ventilación. Tengo un papel arrugado en el bolsillo, tengo una imagen de Cristo en la que pone: Jezu; Ubam tobie. El suelo está helado, sucio, nose como nadie puede apoyar las mejillas y dormirse sobre estas baldosas. Restos pegajosos de coca- cola, barro, colillas. No se cómo pueden apoyar la oreja en el suelo y quedarse dormidos. Sigo pellizcándome el muslo. Estoy sentado en mitad del corredor y ya no me importa tanto no saber salir. Ahora ya no tengo cara de niño corriendo por un subterráneo, ahora soy un tipo con sangre en las deportivas que está sentado en el suelo. Ahora miro fijamente al frente. No entiendo el letrero de esa tienda, pero está claro a qué se dedican. Cabezas de mujer inmóviles tras el cristal. Cabezas de mujer con gestos congelados, labios entreabiertos. Todas ellas cortadas a la altura del cuello. Todas ellas me miran igual que yo las miro a ellas. Alguien les ha puesto una lámina de plástico en las cuencas de los ojos.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Drogas caseras

Sí, recetas contra la melancolía, la frustracción, la limitación voluntaria del significado. Drogas hechas con ingredientes caseros, como las bombas, como los documentos falsificados.

Drogas caseras, noches de asco.

Naftalina en los bolsillos


Huele a naftalina. Los cajones, las estanterías, las sábanas, los vestidos que me quedan pequeños.

Huele profundamente a naftalina todo mi cuarto. A veces mientras voy por la calle descubro en mis manos ese olor, ni el agua, ni el jabón lo desprenden. Se ha pegado a mi piel. Mi pasado está cosido a mí, puntada a puntada. La niña que va a clase, que a veces os responde sin pensar, la niña que desaparece, apesta a limpio, a dolor higiénico, a nostalgia aséptica. Hay nafalina en todas las esquinas de la ciudad, algun día nacerán mariposas de todas esas esquinas.

La limpieza para mí es la ausencia. El vacío no es interesante, alguien te ha robado algo. Puede ser un piso vacío, una notita que te devuelven en blanco, un frigorífico al final de la semana. Las oficinas están limpias, los hospitales están limpios, las funerarias son habitaciones ejemplares. ¿ Quien limpia todo esto? ¿ A donde se llevan todo eso? Supongo que a las ruinas, a los vertederos, a los descampados, allí están nuesytras vidas. Por si algún día queremos buscarlas.


La resignación y los bolsillos de los muertos huelen a naftalina.


Solo es un juego

Me han invitado a jugar a los soldaditos. He dicho que no, que no podía. Cuando no quiero hacer algo profundamente pongo excusas superfciales. Lo cierto es que me parece estúpido. Me parece estúpido que donde no hay guerra los mayores la echen de menos. ¿ Porque la representación de la guerra son siempre los juegos? Las pistolas de plástico, los soldaditos de plomo, las maquetas de aviones, las balas de pintura... ¿ Porqué precisamente un juego? Unas reglas, unos territorios, una estrategia... ¿ Están todos los juegos pensados para la guerra? Esconderse, correr, saltar obstáculos, hacer un equipo... ¿ Son los juegos olímpicos una sublimación de la violencia de las naciones? En nuestra sociedad pacífica un niño que no practica deporte es un inútil, si no eres bueno en ninguno no sirves para nada. No hay nada inocente en los juegos con reglas. No hay imaginación en los juegos de mayores. Ellos quieren que jugueis, niños, ellos se cambiarían por vosotros ahora mismo, ellos quieren que esteís preparados. Ante la guerra, el juego, solo resisten los débiles; despreciados socialmente porque el juego es la medida de todas las cosas. Mientras no haya guerras, jugaremos a ellas. Pd: Me quedé toda esa mañana en la cama, es mi objección de conciencia personal.

viernes, 25 de marzo de 2011

Dios y Marx


Se me aparecen por la noche, como en "Persépolis", con sus cartas, sus manifiestos. Dios me dice que la revolución vendrá, qué tenga fe; Marx me tapa los ojos, me dice que crea, que la realidad es el opio. Marx ha caído en desgracia, no tiene ni para enterrarse y desaparecer del mundo. Sus huesos pueden acabar en los dientes de cualquier perro. Dios acaba de perder un hijo, se lo han devuelto arropado en sangre, con clavos en los pies y en las manos. Marx y Dios se me aparecen, me dan conversación.


No soportaría que se fueran.

Vecinos traficantes

Miró a mis vecinos volverse locos. Dan vueltas por sus casas, limpian los cristales, salen a la terraza. Pendientes del disparo. Están nerviosos como víctimas, el gobierno juega con la hora, la adelanta, la atrasa, pero nunca, nunca paran el tiempo. No saber qué hacer por las mañanas. Esa es la humillación, el hombre sin trabajo no sabe qué hacer, la mujer liberada no lo sabe tampoco. Jubilados que no saben leer, gordas a las que no les vale la ropa de primavera, chavales que pasan toda la mañana fumando hachis.

Hablo de lo que veo. El aburrimiento, la realidad desolada.

El vacío y sus síntomas

martes, 22 de marzo de 2011

Pon la puta música en tu cabeza

Eres una incomprendida. Lo sientes cada vez que sales del portal, al llegar al metro, cada vez que te das la vuelta para volver a casa. Eres una extraña. Extraña en tu barrio, en tu ciudad, los trenes, los aviones, los mapas... Te lo dijeron los que te conocían y ahora los que no te conocen ya no dicen nada.

Porque no te conocen. Lo siento pero ya no te conoce nadie. Tu vida está llena de conocidos. Ese puñado de desconocidos que aparecen en las fiestas y te besan en las mejillas y tratan de meterte mano. Y te piden perdón cuando ya no les escuchas. Cuando te marchas. Eres una desconocida.

Te perdiste la graduación, el entierro de Mimí, la celebración, el fin de año. No estuviste. Rezaste porque el verano fuera corto.
Lo sientes cada vez que respiras, no existes. En este invierno de mañanas con los cristales rotos, se te va, se te escapa tu inexistencia, en cada bocanada de frío. Le das la vuelta a la cama para limpiar el polvo, le das la vuelta a la almohada, te pones la ropa al revés y se te olvida llamar a alguien. Da igual. No existes. Lo sientes cada vez que miras a la gente y un poco de tu inexistencia se queda emborronada en las ventanillas de los coches o en el reflejo de los ascensores.

Lo siento pero ya ni los trenes son tuyos. Ni tu barrio. Tu ciudad no es la tuya. Eres un pedacito de insomnio en la capital de las muertes indoloras, las anestesias sin pinchazo, el gas del sueño.


Me dijiste que esto merecía la pena, mentiste. Me dijiste que esto no estaba tan mal, la responsabilidad, las reglas de comunicación, las ocho horas, los vasitos con bebidas transparentes, los encapuchados que me preguntan la hora. Mentiste. Todo estaba mal y lo sabías. Todo iba a desaparecer y sin embargo, le hiciste una foto. Eres peor que ellos, porque tú nunca te lo creíste. Nunca celebraste la navidad, ni regalaste una postal con palabras en clave. No leíste mis palabras al oído. No respondiste jamás a mi diario. Por más que busqué no habías anotado nada en el margen de los libros. Te fuiste y no te llevaste nada.

Me dijiste que esto merecía la pena y ahora no tengo sílabas labiales que leer, ni calles de Munich que deletrear. Mentiste mientras tropezábamos por las vías del tren, nocturnos y sonámbulos.

Si estás leyendo esto es que eres una enferma. Y eso es lo único bueno. Que a pesar de todo no puedes evitar perder el equilibrio. Caer al vacío, ser una neurótica. Es tierno que aún llores como una quinceañera, es decir, de un modo más serio de lo que los demás creen. No puedes luchar contra los síntomas externos de no creer en nada, se te nota en cada saludo, en cada minuto que pierdes en preguntar como estás.

Ya no estás tan segura. Las cosas están peor cada año, más rotas, oxidadas, no funcionan, no se abren, se pudren. Las cosas están más muertas cada año, es natural. Tú con ellas.